El camino de la fe no es fácil
2 Corintios 4:17
“Pues esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria”.
Hoy en día, es muy común escuchar a las personas a nuestro alrededor quejarse por lo que les acontece en sus vidas: problemas con sus padres, hijos o cónyuges; una situación económica inestable o no satisfactoria; la autoestima y seguridad personal desmoronadas por cualquier motivo, etc.
Aún entre quienes profesan el cristianismo, este tipo de quejas son parte de sus rutinas cotidianas, olvidando que todo problema y situación que pudiesen agobiarlos, deberían ser cosa del pasado. La fuente de estas ideas de pesimismo, es la duda que las personas tienen en las promesas y el poder de Dios, en la forma en que creen que lo que el mundo les ofrece es de mayor influencia y relevancia que la vida eterna que Cristo les asegura, y en el escepticismo ante la labor que el Espíritu Santo realiza en sus vidas. Es una guerra constante de ideas contrarias al propósito que el Creador ha destinado para cada persona que pisa esta tierra. Desgraciadamente, una gran mayoría de cristianos deja que el pensamiento mundano se imponga aún sobre su vida de fe, que la desobediencia a la voluntad de Dios sea una constante en sus pensamientos y acciones, manifestándose todo esto en su ánimo decaído y la frustración que los embarga.
Sin embargo, Dios se mantiene fiel a todas y cada una de las promesas que nos ha dado a conocer a través de Su Palabra. Él desea que todas las personas lo conozcan, confíen en Él y crean en sus promesas, Él desea que, a través de Jesucristo, nuestra restauración como personas con el propósito definido de vivir una vida de plenitud, llena de gozo y tranquilidad, libre de toda atadura de error (pecado) en pensamientos, acciones y emociones, sea nuestra constante diaria.
A pesar del bombardeo de ideas pesimistas y de derrota, de problemas y situaciones que intenten hacernos dudar y flaquear, si nuestra esperanza es alimentada con la convicción de que deseamos seguir a Cristo cada día de nuestras vidas, el éxito para vencer todo temor, desesperación y frustración es seguro, ya que la fidelidad de Dios es inquebrantable, perfecta y eterna.
Aunque es verdad que el camino de la fe no es fácil, es el único que otorga la seguridad de llegar al destino que Dios ha trazado para nosotros, tal como nos lo asegura el apóstol Pablo en la carta a los Romanos 1:17 “El justo por la fe vivirá”.
El justo por la fe vivirá, en esta vida pasajera, y en la eterna también. Por lo tanto, ¿qué mejor promesa para una vida restaurada podríamos necesitar?