El llamado a ser la sal y la luz

Mateo 5:13-14

cimiento“Ustedes son la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve insípida, ¿cómo recobrará su sabor? Ya no sirve para nada, sino para que la gente la deseche y la pisotee.”
“Ustedes son la luz del mundo. Una ciudad en lo alto de una colina no puede esconderse.”

Las generaciones de cristianos que nos precedieron en los tiempos del Imperio Romano eran considerados sediciosos y rebeldes por propagar una doctrina que, para los romanos, significaba una seria afrenta.

Sin embargo, su elección fue no ceder para ofrecer culto a los emperadores y a los dioses, aun ante torturas inhumanas y muertes atroces. Durante más de trescientos años dieron ejemplos de su fidelidad, su valentía y su confianza absoluta en el Dios que predicaban.

Durante el tiempo de la Reforma de la Iglesia, los fieles creyentes en la Palabra de Dios manifestaron igual fortaleza y bravura. Aún llegaron a proclamar su fe, atados a la pira encendida.

Sin embargo, a través de todas las terribles persecuciones, la iglesia siguió creciendo.

En este país, el cristianismo llegó como el sistema opresor que arrasó violentamente con todo el orden social y religioso de los pueblos de estas tierras. España erigió catedrales y reeducó a los pobladores para que dejaran de celebrar sus sangrientos rituales.

El nuevo sistema religioso se impuso entonces en México y durante cinco siglos ha ido evolucionando. No obstante, la cosmovisión nacional estuvo fundada en creencias cristianas.

Pero eso ha cambiado ahora. Lejos de tener un lugar privilegiado en nuestra vida cultural, el cristiano que defiende su compromiso u objeta la homosexualidad, las perversiones sexuales o el aborto, es percibido “como un fanático opresivo que busca amargarle la vida a los demás”. La actitud hacia los cristianos hoy no ha cambiado y no importa el valor de la propuesta, ni la solidez del argumento, siempre que tenga sus raíces en las verdades bíblicas, despierta sospecha y rechazo y pierde toda credibilidad.

El llamado de Jesús hace eco hasta nuestros días. En medio de las deslumbrantes tecnologías con que contamos, sobre el clamor que surge de las calles infectadas de corrupción y de violencia, debemos ser la sal y la luz.

Es tiempo de expandir nuestra visión para proponer las respuestas que necesita nuestra nación, el pueblo de Dios no puede limitarse a repetir los errores que están destruyéndola. Es el momento de proclamar la justicia y la Ley de Dios contenida en Su Palabra, y no callar ante las amenazas o el vituperio.

Por eso, así dice el Señor: “Si te arrepientes, yo te restauraré y podrás servirme. Si evitas hablar en vano, y hablas lo que en verdad vale, tú serás mi portavoz. Que ellos se vuelvan hacia ti, pero tú no te vuelvas hacia ellos.” (Jeremías 15:19)