La muerte es consecuencia del pecado, no un motivo de celebración
Salmos 68:20
“Dios es para nosotros un Dios de salvación, y a Dios el Señor pertenece el librar de la muerte.”
Durante esta víspera en que en distintas naciones celebran a la muerte como parte de su tradición cultural, podemos percatarnos de la ignorancia y el temor que sobrecoge a las personas cuando piensan en su cercanía, ya que nadie está fuera de su alcance, pues cada ser vivo está expuesto a perder su vida en cualquier momento y por cualquier circunstancia. El impacto que ha tenido esta tradición de venerar a la muerte se vive día a día, en la decadencia social, familiar e individual, y esto, en todos los países.
¿Qué es la muerte?
En el libro de Génesis, Dios, que es el dador de la vida, nos revela que en el diseño original de la creación, la muerte y la corrupción no eran parte de ésta. Pero una vez que entró el pecado por causa de la desobediencia del hombre, se distanció de su Creador y conoció el sufrimiento, la enfermedad y la muerte, condenando también a toda la creación.
Entendemos que el pecado está expresado en la muerte. La naturaleza humana es rebelde hacia Dios y sus leyes, por lo que ha sufrido daño mortal en cada aspecto de la vida, ya que el espíritu, la mente, el alma y el cuerpo necesitan ser restaurados en su diseño original. Para este propósito vino Cristo Jesús, para enseñarnos a vivir de acuerdo al estándar que Dios estableció y que no termina con la separación física del cuerpo, sino que continúa más allá del universo material; permanece durante la eternidad, fuera de la corrupción, de la degradación y el sufrimiento.
¿Cuál es nuestra expectativa cuando le creemos al Dios de la vida?
Proverbios 12:28 dice: “En la senda de la justicia está la vida, y en su camino no hay muerte”.
Esta verdad nos debe dar paz, pues la vida no reside en la parte material de nuestro ser, sino en nuestro espíritu. Cuando aceptamos la reconciliación con Dios a través del sacrificio de Jesús, ya no estamos entregados a una eternidad de dolor y obscuridad, sino a la libertad de vivir de acuerdo a Su voluntad, que es la fuente de vida eterna.
El apóstol Pablo expresa éstas palabras en Romanos 6:5,9 “Porque si hemos sido unidos a Él en la semejanza de su muerte, ciertamente lo seremos también en la semejanza de su resurrección… sabiendo que Cristo, habiendo resucitado de entre los muertos, no volverá a morir; ya la muerte no tiene dominio sobre Él”.
No te dejes engañar por la cultura. La muerte que el mundo intenta festejar, no es sino un engaño para no buscar la verdadera vida que el Padre, a través de Jesucristo, ya nos ha entregado.