No te dejes engañar por la euforia decembrina

Isaías 60:2-3

cimiento“Porque he aquí, tinieblas cubrirán la tierra y densa oscuridad los pueblos; pero sobre ti amanecerá el Señor, y sobre ti aparecerá su gloria. Y acudirán las naciones a tu luz, y los reyes al resplandor de tu amanecer.”

Se nos dice que la Navidad es una “época de alegría” y un “momento de gozo”.
Pero mientras la celebración de la Navidad se acerca, es común experimentar sentimientos muy lejanos de la alegría y el gozo. Posiblemente se respire en el ambiente una amabilidad no muy común, o se vean rostros con sonrisas inusuales. Sin embargo, esta es la época en que las personas se encuentran hundidas en preocupaciones, y sus días están llenos de cosas por hacer. Las compras de regalos, la preparación de la cena, las reuniones familiares.
Bien podría decirse que la Navidad es una presión más, que demanda mucho tiempo de trabajo y esfuerzo para cumplir con los compromisos sociales de la época.
Muchas personas en este mismo momento están atribulados, confundidos; con tantos problemas encima, y lo que es peor, viviendo un sentido totalmente errado de lo que debe ser la verdadera celebración de la Navidad; Incluso, se enseña a los niños a ser partícipes de esta euforia, empujándolos a adoptar esa actitud de consumismo excesivo por medio de la publicidad, con la cual, la sociedad despliega con todo su encanto el muy ofertado y demandado espíritu consumista. A causa de ello muchos cristianos se han dejado robar la paz, el gozo y la libertad que Cristo Jesús realmente vino a traer.
El llamado “espíritu de la Navidad” no es más que un estado de euforia derivado de la cultura, y empuja a muchas personas a mostrarse felices cuando realmente no lo son, a vivir una etapa de emocionalismo y frivolidad que se reviste de alcohol y festividades vacías, y da paso a dolorosas confrontaciones familiares. Por desgracia, las estadísticas en el aumento alarmante de suicidios nos demuestran que esto no es una especulación.
Cristo vino a traernos vida, a restaurar el pacto que el hombre había rechazado en su desobediencia. Vino porque nos ama, y nos lo demostró al darnos ese extraordinario regalo de amor en su venida humilde y sin ostentaciones, haciéndose hombre para mostrar a los hombres el camino de la verdadera obediencia, y finalmente, rescatándonos con precio de sangre del error en el que nos encontrábamos, restaurando de una vez por todas el pacto de Vida que habíamos perdido. Sin embargo, en este tiempo hacen falta voces que hablen de esta forma, que se levanten por sobre el tumulto de la comercialidad, y hagan llegar el verdadero mensaje del amor del Padre a través de Su Hijo.
Por este motivo, te invito a que te conviertas en vocero de estas Buenas Nuevas. Sé quien hable de Cristo, en lugar de una festividad
despojada de compasión y esperanza. Porque es tiempo de volver al camino del verdadero evangelismo, llevar la Luz que Nuestro Señor refleja en nosotros a donde las tinieblas llenan los corazones, y mostrar Su esperanza a quienes viven sin ella, para así ser hacedores de justicia. Conviértete en el testigo fiel de Su Amor infinito, para contrarrestar lo que el pecado y la indiferencia han hecho en esta tierra, flagelada por la comercialidad y el consumismo. Sé la diferencia, desde hoy y continuamente, sin esperar una fecha como la Navidad para hacerlo.