No seas indiferente ante el suicidio

Isaías 61:1

cimiento“El Espíritu del Señor omnipotente está sobre mí, por cuanto me ha ungido para anunciar buenas nuevas a los pobres. Me ha enviado a sanar los corazones heridos, a proclamar liberación a los cautivos y libertad a los prisioneros”.

Recientemente se hizo alguna mención mínima en los diarios del país sobre el Día Mundial de Prevención del Suicidio, que se instituyó el 10 de septiembre.

Esta es una lamentable medida a la que han llegado las autoridades sanitarias de varios paises, dado que en estadísticas mundiales se calcula una muerte cada 4o segundos, esto es, novecientos mil suicidios cada año. Es la segunda causa de muerte en personas de entre 15 y 44 años; en México, es la tercera.

¿Podemos imaginar por un segundo el dolor o la decepción que vivía alguna de estas personas, al grado de detestar su propia existencia? Antes de atentar contra su vida, él o ella, no supo cómo ir en la dirección correcta, no aceptó, o no tuvo la ayuda de un alma compasiva que le mostrara un camino distinto para superar sus circunstancias, pero sobre todo, desconocía las Buenas Noticias de Dios.

En el aspecto humanista, se considera que el suicidio se debe a la pobreza, al desempleo o a desórdenes mentales. Sin embargo, sus raíces se encuentran en un nivel mucho más profundo: en el espíritu de la persona, por lo que la solución debe venir del Espíritu de su Creador.

Qué importante es, como personas que hemos escuchado el llamado de Cristo, el tener esa sensibilidad espiritual para percibir la necesidad de quienes viven a nuestro alrededor.

Debemos estar atentos y saber dar respuestas a quien pide auxilio. Mostrar compasión ante lo que le acontece, y al mismo tiempo, seguir tres pasos fundamentales al inicio del proceso de ayuda:

1) Darle a conocer a la persona que el plan de Dios para su vida es extraordinario. El Creador nos hizo a Su imagen y con un propósito especial. (Génesis 1:26-27; Jeremías 29:11)

2) Crear conciencia de que la muerte, física y espiritual, es el resultado de la desobediencia hacia Dios. Sólo Jesús puede darnos vida eterna, Él venció al ladrón y destructor. (Juan 10:10)

3) Hacerle saber que la vida le pertenece a Dios, los seres humanos no tenemos derecho de quitar la vida. (1 Corintios 6:19-20).

También debemos considerar en el proceso de sanación de la persona, que el interés en amor que le brindas debe guiarla a un crecimiento espiritual. Esto se logra al hacerle comprender que rendir su vida a Cristo le garantiza que puede contar con todo Su apoyo y sabiduría para vencer cualquier obstáculo (Salmos 33:20; Juan 15:26).