Testimonios

cimientoDurante catorce años, el Ministerio de Apoyo a Reclusorios se ha dado a la tarea de llevar el mensaje de restauración de Jesucristo a los internos de los los centros preventivos de esta región. Se les ha ministrado a través de pláticas, cursos y atención directa a sus familias.
En esta ocasión, hacemos partícipes a todos del impacto y el beneficio que han vivido dos personas que fueron privadas de su libertad.

Testimonio de Víctor N.
Octubre 7 de 2010. “Me encuentro preso desde el 31 de diciembre de 2009. En el tiempo pasado era muy difícil la estancia en el penal. Ahora que recibí a Cristo, todo es diferente.
“Durante el año pasado (2009) cometí una serie de tonterías: me olvidé que Dios existía; recurrí a personas equivocadas, de los llamados “santeros”. Oh error. Cuando me detuvieron, todos los días les llamaba a los llamados “padrinos”, pidiéndoles que me ayudaran a salir de aquí, sin ningún resultado. Pasaron los meses, y una tarde, desesperado y a punto de suicidarme, algo me guió a la Terraza, como a las 4:30 pm, encontrando a la srita. Lupita. Me invitó al estudio de la Biblia, creo que eso era lo que necesitaba. Escuché la clase que no se me olvida, era “el perdón”. Al terminar la clase, pregunté cómo leer la Biblia. Lupita me dijo: empieza con los Proverbios y la Ley de Santidad. Empecé a estudiar todos los días, y conforme voy entendiendo, comprendo lo que Cristo me ama, lo que Él quiso que me diera cuenta lo equivocado que estaba.
“Hoy en día, con la ayuda del Espíritu Santo y con la intercesión de Lupita, soy un hombre nuevo, renovado, presentándole un plan a Dios para que sea Él el que decida en mi vida, en mi caso jurídico, en mi familia.”

Nota: Aproximadamente dos semanas después de este testimonio, la persona recibió su libertad.


Testimonio de Jazmín R.
"Me llamo Jazmín, tengo 34 años de edad.
“El 19 de marzo de 2009 me detuvieron. Mi compañera de celda llamada Nemi me invitó a su grupo de oración. Sin vacilar acepté y me reuní en su grupo, mas nunca imaginé que afrontaría una prueba muy difícil.
“Una extraña enfermedad se albergó en mi cuerpo, los síntomas y signos desencadenaron dolores y momentos desesperantes. Los medicamentos no funcionaban, los síntomas no desaparecían y las terribles fiebres me impedían moverme de mi cama.
“Me diagnosticaron tuberculosis pulmonar, mas ahí no terminaban las malas noticias. Días después me dijeron que era seropositiva, o sea que era portadora del VIH-SIDA.
“Mi vida cambió cuando conocí a Dios, a su palabra y he sido testigo de su amor puro e incondicional, pues Él me sanó y me regaló una nueva oportunidad. Después de dos meses abandoné el hospital, regresé al Centro de R. F. Aunque estuve aislada, dos meses después permitieron que mi compañera Edith me llevara a compartir un estudio bíblico acompañado de oración.
“Mi recuperación fue cada vez mejor, debido a esto me dieron de alta y regresé a vivir a población.
“Doy gracias a Dios por esta nueva oportunidad de vida y salud. Decidí compartir mi testimonio con otras personas porque es necesario testificar el amor de Cristo cada día.”